En aquel intenso encuentro en Fano, junto al mar, la palabra que más repetimos fue "ancora". Invertimos esas horas de charla en comprobar qué habíamos cambiado, cuánto de nosotros permanecía igual.
En otro encuentro mucho más liviano, sin embargo, él y yo intentamos apuntalar la distancia precisa (ni mucha ni poca) y convencernos mutuamente de que las cosas nos han ido bien en nuestra respectiva ausencia.
Tratas de explicarme porqué no conseguí enamorarme de ti.
Mi madre se ha enamorado, aunque no lo diga con las mismas palabras. Escucha música, canta, baila. Se arregla y se cuida. No para de hablar de él. Mañana han quedado los dos para comer.
Está resplandeciente.
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La fuerza de la naturaleza lo inunda todo, cuando hay un desastre, la vida vuelve y se convierte en un lugar rebosante de alegría, colores y animales que habitan por doquier.
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