miércoles, 14 de octubre de 2009

Pausas

Esta noche emitirán las noticias en el descanso del partido de liga de turno. Puedo imaginar a los del informativo, preparados para oír el silbato del árbitro, dar los últimos retoques y a la presentadora irguiéndose en su asiento antes de comenzar a hablar en los 15 minutos que dure el intermedio.

En la otra parte del mundo, los futbolistas tensan sus músculos, miran la pelota, contienen la respiración. El árbitro sostiene el silbato en la boca y mira la pantalla, esperando el instante oportuno para soplar. Justo cuando el presentador termine de dar el parte meteorológico, al final de las noticias.

Silencios que suenan

Esta noche me he despertado de madrugada, no sé muy bien por qué. En algún momento, recostada en mi cama, he oído un pequeño ruido en mi cuarto. A mí eso no me asusta, porque sé que los objetos a veces haccen ruidos por infinidad de razones, pero me ha sorprendido el silencio que se percibía justo después. El silencio también suena de algún modo, de hecho hay varios tipos de silencios según el momento en que se produzcan. Como el que se produce justo después de apagar la tele.
Tras una discusión acalorada, se oirá el ruido del frigorífico. Inevitablemente. El frigorífico, además de enfriar, sirve para llenar los silencios incómodos de las casas.
Davide me dijo que el frigorífico suena a Si bemol. Y que el tu-tu del teléfono es un La. Así que, si eres incapaz de afinar un instrumento porque no tienes un diapasón cerca, descuelga el teléfono.
Y si te sientes solo, abre la nevera.

martes, 13 de octubre de 2009

Correr una maratón

He mantenido muy poquitas conversaciones con Jane, una mujer inglesa con la que compartí piso en Barcelona. Pero en una de ellas me contó que, llegada a un determinado punto de su vida, decidió que tenía que hacer una de estas dos cosas: tener un hijo o correr la maratón. Su matrimonio no iba muy bien, ahora está divorciada.
El caso es que entrenó y al final lo hizo, corrió la maratón. Creo que cuando me lo contaba estábamos en la sauna del gimnasio, y entonces admiré de otra manera su hermoso cuerpo de mujer madura, con aquella piel blanca y delicada.
Desde ese día yo también deseo poder algún día correr una maratón. Tiene que ser toda una experiencia, una dura prueba
Olga dice que mi creencia de que muchas cosas buenas sólo llegan después de haber sufrido un poco viene de la ideología judeo-cristiana o algo así. A mí no me lo parece, pero tampoco sé muy bien por qué pienso así.
Hoy mientras corría he visto un torbellino de arena en el camino. Se ha disipado en cuanto me he acercado. No pasaba nadie más por allí.

lunes, 12 de octubre de 2009

Mis deseos


Tengo que encontrar un sitio para esconder mis deseos. No hablo de deseos pequeños, chiquititos, como tomar helados a cada momento, escaparme de la clase de matemáticas, o comprarme unos zapatos nuevos porque ya no soporto más los que llevo. Deseos así los puede ver todo el mundo, me importan un bledo. Me refiero a otros -los tres de repente se inflan y crecen muchísimo-; ¡ah!, esos, no los quiero enseñar a nadie. De ninguna manera.
No sé cuál de los tres me inquieta más. A veces pienso que es el deseo de crecer de una vez y dejar de ser niña. En otro momento creo que es el anhelo de ser chico en vez de haber nacido chica. Pero hoy me doy cuenta de que es el deseo de escribir.