martes, 13 de octubre de 2009

Correr una maratón

He mantenido muy poquitas conversaciones con Jane, una mujer inglesa con la que compartí piso en Barcelona. Pero en una de ellas me contó que, llegada a un determinado punto de su vida, decidió que tenía que hacer una de estas dos cosas: tener un hijo o correr la maratón. Su matrimonio no iba muy bien, ahora está divorciada.
El caso es que entrenó y al final lo hizo, corrió la maratón. Creo que cuando me lo contaba estábamos en la sauna del gimnasio, y entonces admiré de otra manera su hermoso cuerpo de mujer madura, con aquella piel blanca y delicada.
Desde ese día yo también deseo poder algún día correr una maratón. Tiene que ser toda una experiencia, una dura prueba
Olga dice que mi creencia de que muchas cosas buenas sólo llegan después de haber sufrido un poco viene de la ideología judeo-cristiana o algo así. A mí no me lo parece, pero tampoco sé muy bien por qué pienso así.
Hoy mientras corría he visto un torbellino de arena en el camino. Se ha disipado en cuanto me he acercado. No pasaba nadie más por allí.

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