
Tengo que encontrar un sitio para esconder mis deseos. No hablo de deseos pequeños, chiquititos, como tomar helados a cada momento, escaparme de la clase de matemáticas, o comprarme unos zapatos nuevos porque ya no soporto más los que llevo. Deseos así los puede ver todo el mundo, me importan un bledo. Me refiero a otros -los tres de repente se inflan y crecen muchísimo-; ¡ah!, esos, no los quiero enseñar a nadie. De ninguna manera.
No sé cuál de los tres me inquieta más. A veces pienso que es el deseo de crecer de una vez y dejar de ser niña. En otro momento creo que es el anhelo de ser chico en vez de haber nacido chica. Pero hoy me doy cuenta de que es el deseo de escribir.

Leí este libro de pequeña y me encantó. Aún lo conservo, sus hojas son cada vez más amarillentas, como el bolso de la protagonista.
ResponderEliminarHe querido que el blog se llamara así porque espero que cumpla el mismo cometido.